martes, 15 de marzo de 2016

Promesas…

Habría sido muy fácil mirar al frente y olvidar todos y cada uno de los pasos que me habían llevado hasta aquel pequeño pueblo de la costa, pero había dado mi palabra… aferrada a aquella carpeta con la esperanza no solo de encontrar respuestas a todas mis preguntas, sino también el secreto para encontrar un amor de verdad, como los de antaño, de los que te duran toda la vida y te hacen seguir amando a alguien incluso después de que la muerte os separe. Sin embargo, en el proceso también había perdido un trocito de mi alma, apegada a todas y cada una de las palabras que había leído. Una silueta se acercaba lentamente a mí, eclipsada por la luz del sol que moría en el horizonte y en mi mente solo podía oír retumbar una y otra vez las palabras que había oído semanas atrás, pero que se habían grabado a fuego en mi alma. “Mi dulce Lucia, mi amada… volveré a ti… cada segundo sin ti es una agonía… Mi bella Lucia, solo deseo que estés bien, debes de estarlo…. Tú y mi hijo sois lo único que me da fuerzas…” Nunca olvidaré la noche en que murió mi abuelo, hacía semanas que estaba ingresado y ya solo esperábamos que llegase pronto el final, antes de que sufriera y su mente se volviera tan difusa que ni si quiera pudiera reconocernos, como ya nos había pasado con mi abuela. Sin embargo, en sus últimos días estuvo más lucido que nunca y aun sabiendo a que me enfrentaba me ofrecí a pasar con él las noches para que mis padres pudieran descansar. Me había criado a dos puertas de la de mis abuelos y había crecido con sus historias. Que si el hermano de tu abuela Enriqueta había ido a la mili 11 años, que si en la postguerra la gente pasaba hambre, que tenían una cartilla de racionamiento y que su madre se iba en burro al pueblo donde compraban el pan para toda la semana e historias así que nos hacía pensar en aquella época como algo tan lejano como remoto. Lo cierto es que hasta aquellos últimos días, no había vuelto a pensar más en esas historias, solo eran las anécdotas de un anciano. Pero aunque él apenas tenía unos 6 años cuando acabó la guerra, aún se estremecía al recordar como muchos se iban a dormir a donde guardaban los animales, lejos de sus casas, por miedo a irse a dormir y no volver a despertar. Y allí estaba yo, velando el sueño de mi abuelo de 83 años como si el de un niño se tratase. Una noche despertó sobresaltado de madruga… -Tranquilo abuelo, estoy aquí… soy yo… -Oh Lucía…. Mi amada Lucía… ¿sabes?, cuando murió mi padre yo pasé con él sus últimos instantes. Yo apenas tenía 20 años y ni si quiera conocía a tu abuela. Antes de morir me dijo que sentía dejarme tan pronto, pero que a partir de ese momento tenía que ser un hombre y un hombre debía cumplir siempre sus promesas. Pero que por desgracia él iba a morir sin poder cumplir dos de las promesas que años atrás le había hecho a su mejor amigo. Cuando le pregunté por esas promesas me contó que yo no lo recordaba porque era muy pequeño pero que cuando apenas era un niño a él se lo habían llevado preso a una prisión y allí conoció a Antonio. Mi padre solo era un muchacho inculto de campo que se había buscado problemas por su orgullo y que aquello le había llevado a compartir cárcel con republicanos y revolucionarios contrarios al General Franco. Pero Antonio era diferente, era un niño bien de una familia acomodada al que habían mandado a la universidad donde aprendió lo que era la palabra libertad. Los dos habían sido llevados a la misma Sevilla al centro El Colector, ubicado en la barriada de Heliópolis. Mi padre fue unos de los más de 500 presos del franquismo que construyeron el desagüe municipal de Heliópolis. Y desde el verano de 1937 a enero de 1939 estuvieron juntos en aquel infierno. Mi padre solo era un don nadie, pero Antonio era distinto, era culto y muy inteligente. Escribía a todas horas en un pequeño bloc, a veces poemas otras un diario de todo lo que allí les acontecía y cada día escribía cartas tanto a su familia y como a su novia de la que estaba muy enamorado. A veces también escribía a un compañero de universidad y aunque los textos eran muy limitados por la censura y solo podían hablar del frio, la comida y su estado de salud, a veces se entusiasmaba demasiado en sus opiniones. Un día llegó una carta donde su novia le contaba que iba a ser padre y que debía volver al pueblo para criar sola a su hijo, Antonio se desesperó e impotente se desahogo en una carta a un amigo estudiante de periodismo. Los guardias la interceptaron y decidieron acusarlo de enemigo de la republica... Desde entonces no le permitió volver a mandar más correspondencia y permaneció a la espera de juicio. Todos daban por hecho que no habría una sentencia de muerte por su situación acomodada, pero para entonces Antonio ya había perdido la cabeza. Escribía a todas horas en su pequeño cuaderno y enloquecía al pensar que se iba a quedar sin papel. Las semanas y los meses se sucedieron y cada vez hacía la letra más pequeña y murmuraba para sí que no le daría tiempo… otras gritaba que ya era un hombre muerto y que al menos le dejaran saber si su hijo había nacido y si su novia estaba bien…. Llegó el fin de año y la sentencia de muerte cayó sobre todos como una jarra de agua helada. Una fría noche de enero vinieron a por él. Mi padre temblaba más que él, pero Antonio no tenía miedo… solo le hizo prometerle dos cosas. Le entregó sus manuscritos envueltos en un trozo de tela de una raída camisa vieja y le hizo prometerle que buscaría a su amada y se aseguraría de que ella y su hijo recibieran aquel paquete. Al día siguiente llegó el indulto por el que su familia había movido cielo y tierra… aunque ya era demasiado tarde. Mi padre salió de allí un año después, con los pulmones encharcado y condenado a una muerte prematura… -dijo finalmente con la mirada pérdida y los ojos vidriosos. -¿Y qué fue lo segundo abuelo…? -que si algún día tenía una hija la llamaría Lucia… pero mi padre solo tuve hijos y yo como bien sabes solo tuve varones también. Pero cuando naciste tú hablé con tu padre y le pedía poder ponerte ese nombre… al menos cumplí uno de sus deseos… aunque moriré aún con esos manuscritos guardados en mi cajón y sin poder cumplir la promesa de mi padre… - Yo lo haré abuelo…. Los buscaré y se lo daré, así podrás cumplir la última voluntad de tu padre. Mi abuelo sonrió y en apenas un murmullo pronunció… -Mi dulce Lucia… mi amada…- y cerró los ojos para siempre. Al volver a su casa encontré en el cajón la carpeta de sus manuscritos. Me pasé los siguientes 5 días leyendo y ordenando las cartas por fechas hasta que encontré su última carta con fecha del mismo día de su ejecución… “Mi dulce Lucia… mi amada… mi dulce niña. No sufras más por mí mi amor, porque cada mañana que amanezco en este horrible lugar lo hago con el recuerdo de tu sonrisa y cada noche sueño con el olor de tu pelo. Cuando cierro los ojos me parece como si fueras real y a veces eso es lo único que me separa de la locura. Y aunque no pueda volver jamás a tu lado nunca podré olvidar todo lo que vivimos juntos, porque soy consciente de que lo que viví junto a ti fue el más maravilloso de los regalos. Me iré de este mundo sabiendo que no conoceré a nuestro hijo, pero créeme cuando te digo que lo quiero con la misma intensidad con la que te quiero a ti. La vida me ha sonreído muchas veces y aunque ahora todo parece oscuro y siniestro, soy consciente de que lo que viví a tu lado, aunque corto, pocas personas lo han conocido en su vida y no cambiaría ni una sola coma de nuestra historia de amor. Sin embargo, me temo que esto es un adiós, he oído a los guardias que esta noche me llevarán a dar el paseíllo, pero mientras camine bajo las estrellas sabré que al fin soy libre y donde quiera que yo vaya, allí mismo te esperaré. Te amo, Antonio.” Tardé unas pocas semanas en encontrar una pista fiable y a través de las redes sociales encontré al fin a sus descendientes. Se llamaba Antonio, como su padre, y al presentarme simplemente él… sonrió.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Nada que decir....

Últimamente no se me ocurre nada que decir... ningún post ocurrente ni ninguna historia emotiva que compartir. No es que no me ocurran cosas ni tenga situaciones en mi vida que compartir, de hecho es porque me ocurre justamente lo contrario, últimamente mi vida es un absoluto caos y cada vez que empiezo a escribir las ideas y todas esas palabras que parecen quebrarse en mi interior mueren en mis labios en forma de suspiros y anhelos de algo que perdí. A veces pienso que hablar con alguien podría ayudarme a disipar todas esas nubes oscuras y tormentosas que mantienen mis ojos tristes y brillantes y mi sonrisa perdida en simples muecas de desesperación. Me siento ante el ordenador y veo mi vida a través de la ventana que a todo el mundo llega y que todos pueden pueden ver y sin embargo la soledad es aún mayor. Siempre he creído firmemente en la mítica frase de Blanche “Quien quiera que sea, siempre he confiado en la bondad de los desconocidos” en Un tren llamado deseo, porque a veces la gente que conoces y aprecias no es capaz de mitigar esa tormenta que bulle en tu interior y te hace presa de un desasosiego que te reconcome y te domina por completo, hasta el punto de hacerte olvidar quien eres realmente... Aunque ello me ha llevado también a conocer la traición y la hipocresía,haciendo de mí un animal herido, alimentando la bestia que llevo dentro del miedo y la desconfianza, no sin razón he de decir. Pero no temo a esa bestia, de hecho creo que esa bestia es lo único que aún me permite estar aquí de pie, enfrentada a un mundo vil, dispuesta a todo por ser la única que permanezca en pie al final de la batalla, aunque a veces, me siento tentada a dejarme llevar y definitivamente olvidar todo lo que soy y todo lo que una vez fui mientras me siento a observar como todo mi mundo se desmorona a mi alrededor. Podría hacerlo, pero supongo que, aunque eso haría feliz a algunas personas, no entiendo bien el por qué, la realidad es que ese nunca ha sido mi estilo, lo mio siempre ha sido luchar, morir con la botas puestas y sin apartar jamas la mirada de los ojos de quien mi desafía. No, últimamente no se me ocurre nada que decir, o al menos nada que no pueda ser utilizado en mi contra, porque aunque no soy débil, si que tengo debilidades y justo es ahí por donde han empezado a intentar demoler mi reino. La realidad es que no quiero decir nada, tal vez porque tengo miedo a romperme en mil pedazos, aunque es probable que únicamente no quiera que la gente sepa lo que ya está roto... supongo que es simple y llanamente miedo, aunque ese miedo es lo único que me separa de una muerte segura. Si es así, para qué mostrarlo al mundo? y no es ocultarlo, simplemente atesorarlo, hacerlo parte del muro que me separa del resto. Si, supongo que hasta aquí llegó mi vida en un escaparate, no porque siempre haya estado expuesta, sino porque en estos momentos solo soy un manojo de sentimientos, miles de sentimientos, todos abarrotados pujando por salir abruptamente de mí, queriendo escapar de mi interior, saliendo de mí sin limites ni control y no puedo permitirme ese lujo. Sería fácil escribir "estoy triste" o "estoy sufriendo" y aún mas fácil recibir el cariño de aquellas personas que me aprecian, pero en el fondo no quiero ese cariño, ese cariño me haría bajar la guardia, soltar las armas que me mantienen aun en pie, dejar marchar el miedo me haría dejar de estar alerta y aguardando el comienzo de la batalla. Entonces tal vez sonreiría de manera triste o dejaría escapar una simple lagrima llena de emoción y sentimiento, y aquella simple lagrima abriría en mi ser una diminuta rendija, pero lo suficientemente grande por la que pudieran escapar todos mis sentimientos, saliendo de mi como una fuente inagotable de dolor y miedo. Solo quiero olvidar, solo quiero dejar de sentir, solo anhelo dejar de ser yo... de sentir y pensar, de analizar todo una y otra vez para dejar de enloquecer por momentos, eclipsada por pensamientos y sentimientos hilarantes que me hacen morir por dentro aullando y retorciéndome de dolor abrasada por el fuego para luego volver a renacer de manera tormentosa de entre mis propias cenizas, simplemente para volver a morir otra vez de dolor. No, definitivamente no se me ocurre nada que decir... no, absolutamente nada que decir, ni ningún ridículo post ocurrente ni ninguna estúpida historia emotiva que compartir.

sábado, 11 de julio de 2015

Y caer en la vulnerabilidad.....

Era casi irreal, como un sueño o una aparición, salvo porque él sostenía mi muñeca, apretándola con una fuerza descomunal de la que yo ni si quiera era consciente... en aquel momento, en aquel preciso instante, estaba más cerca de la muerte que de aquella vida que me provocaba tanto dolor. De pronto fui consciente de la lluvia que caía sobre mi empapándome y aun así, no podía sentir su frío tacto en mi piel. Era como si aquella ya no fuera yo.... por un momento lo miré a los ojos y sin más lo supe, aquella definitivamente no era yo. Me gustaría decir que fui feliz, que durante muchos años había sido feliz a su lado, pero lo cierto es que al final solo recordaba sus golpes y desprecios. En el fondo sabía que no habían sido tantos, pero sí los suficientes para romperme por dentro y saber que jamás se volverían a unir aquellos trozos en los que había fragmentado mi interior. Y cada amanecer miraba con esperanza el nacer de un nuevo día para luego al llegar el crepúsculo, llorar amargamente el final de cada nueva oportunidad perdida... Vivía temerosa de las noches, temía dormir a tu lado y despertar con el cuerpo perlado en sudor, perdida en la oscuridad en la que me envolvías, cerrando los ojos con fuerza para no sentir tus caricias, para salir de mi propio cuerpo deseando huir con todas mis fuerzas de mi misma... tú y solo tú eras la razón por la que ya no deseaba habitar mi propia piel. Solía decirme una y otra vez que la culpa era mía, era más fácil que enfrentarme a la realidad, enfrentarme al aterrador hecho de que mi amado era ahora mi enemigo. Lejos quedaba ya cuando sentí que perdía la vida sin ti, que moría por rozar tus labios y que sellaba cada beso que te daba con lagrimas para luego saborear el salado amargor del miedo a perderte... no sé como pasé de eso a desear una pronta muerte para huir del castigo de tus labios y la prisión de tus abrazos. Solo necesitabas abrir el sello de tus labios y mi piel se rompía y rasgaba por tu afilada lengua asesina con palabras hirientes que me marcaban como hierros candentes. Ni si quiera sabía como podía sobrevivir a cada enfrentamiento ni de donde sacaba las fuerzas para luchar contra ti... ahora sé que estaba desesperada por huir y a la vez me sentía condenada a ti. Es duro decir eso en voz alta... es duro decir que te odié mas de lo que te quise. Es duro hablar si quiera de ti... alguien de quien tuve la valentía de escaparme. De haberme quedado todo habría terminado de manera diferente... porque dentro de mi conocía cual sería mi destino si me quedaba a tu lado. Y aunque deseé la muerte mas de mil veces lo cierto es que decidí huir, desnuda y con el cuerpo roto del frío, pero a salvo de tu cálida sentencia a la inexistencia, condenada a la aniquilación más cruel, la que te destruye un poquito cada día hasta convierte en la nada más absoluta. Y casi lo fui... casi consigues convertirme en tan solo un eco lejano que nadie podría llegar a oír... y yo casi te dejo hacerme eso. Volví a mirar a mi alrededor, la lluvia seguía cayendo profusamente sobre mí.... y solo quería gritar, gritar con todas mis fuerzas para dejar de ser un eco que nadie pudiera oír. El grito ahogado de mi interior se transformaron en un mar de lagrimas. Y lloré, y lloré a gritos y lloré tanto que se rompieron las paredes en las que me habías encerrado y todo se vino abajo y aunque temí terminar sepultada bajo mis propias ruinas, lo único que sentí es que al fin era libre, libre sin ti... Al fin sentí tu mano aferrado a mi muñeca de manera salvaje y el frío de las gotas de lluvia cayendo sobre mi. Ahora que era real decidí que el eco lejano serías tú.... porque ya no eres nada para mi. Sonrío, porque soy consciente de lo terrible que tiene que ser eso para ti....

miércoles, 29 de octubre de 2014

Que importa el color...

Ruth había decido que esa iba a ser la ultima vez que un hombre le rompía el corazón. Para muchos de sus amigos, aquella era una frase que ya habían escuchado mas de una vez de sus labios, por eso mismo se sorprendieron tanto, cuando semanas mas tardes la descubrieron en el bar donde siempre solían quedar los viernes, acaramelada con una chica. Al principio todos se miraron alucinados y muchos creyeron que era un simple divertimento, un tonteo con el otro sexo que a los chicos les pareció excitante y a las chicas una manera de rebeldía.... Pero la noche fue avanzando y la chica no sólo era divertida y encantadora, la trataba como a una princesa. Cuando las copas fueron incontables, sus amigas la atrajeron al baño con excusas y la interrogaron... algunas hicieron comentarios que incluyeron las palabras experimentar y fase, pero lo que realmente sorprendió a Ruth es cuando una de ellas comentó que no debería engañar a la pobre chica, porque ella no era lesbiana y a la pobre se la veía muy pillada con ella. La noche terminó como siempre con Ruth en casa de aquella chica... Una ultima copa y sus labios, aún con el sabor al dulce licor de crema de whisky, rozaron la piel de su cuello. Ruth miró aquellos enormes ojos oscuros, acarició su larga y sedosa melena y cuando sus labios llegaron a la comisura de sus labios ella simplemente cerró los ojos y analizó ese beso. De pronto todas las dudas del mundo la asaltaron... la apartó de sí y agarrando su rostro entre las manos observó cada detalle. Ella sonrió y en su interior sintió un hormigueo que le recorrió la espalda hasta la rabadilla. Por un instante Ruth tembló como una niña, ella la miraba tentadora con una sonrisa picante en los labios y los ojos brillantes, se mordió el labio y sin más se abalanzó sobre ella, la devoraba con cada beso, la devoraba como una fruta madura y como tal se deshacía entre sus dientes, derritiéndose con el paso de su lengua por su escote. Ella le arrancó la ropa, los botones de su camisa saltaron disparados por la habitación, sus pechos quedaron desnudos y expuestos al roce de su lengua... Ruth se sentía extenuada de tanto placer. Su cuerpo ardía en llamas incandescentes, nunca antes había sentido nada igual, nunca antes se había abandonado tanto ante su propio placer, nunca antes había confiado tan ciegamente y se había dejado llevar de aquella manera. Sus manos y sus labios la conducían y la inmovilizaba y ella más se entregaba, notaba oleadas de placer y su voz se rompió en un largo gemido que lleno la habitación con su aliento entrecortado y el olor de la humedad de sus sexos.... Ni si quiera podía recobrar la cordura, ni si quiera podía tomar el control de su propia conciencia... ella era dueña de cada centímetro de su piel y como tal la asía contra su boca hasta notar como estallaba de manera rítmica y espasmódica. Sus labios subieron hasta su boca y la besó tan largamente que creyó que podía morir de felicidad en ese instante... Sin embargo, su mente volvía a divagar presa de las palabras que su amiga le había dicho.... acaso en un relación entre dos mujeres ¿una de las dos era la que terminaría rompiendo el corazón a la otra?, ¿acaso ella era ahora lo que tanto había aborrecido de los hombres? ¿alguien que mentía, que se dejaba llevar presa del deseo sin importar los sentimientos?... Mentiras, solo podía oír en su mente lo mentirosa que era y el daño que le estaba haciendo al callar. Recordó cada rotura en su débil corazón, recordó como cada mentira, cada engaño y cada menosprecio lo había maltratado, dejándola sumida en la sensación de ser insignificante para la persona por la que ella tanto sentía, casi podía ver en su indiferencia las palabras -no vales nada- escritas en neon. Reconoció que pensaba que eso no le pasaría en una relación de mujeres, pero lo que nunca pensó es que refugiarse en una relación con una mujer le haría mentir para conseguir esa paz que pensaba que se merecía. Aquello la convertía en uno de esos egoístas que tanto había criticado, uno de esos hombres que tanto la dañaron por no ser sinceros, con tal de tener, lo que ellos pensaban que se merecían. Por un instante se sintió sucia, por un momento se sintió desmerecedora de aquellos besos que tanto la habían colmado... -Lo siento.... no quiero hacerte daño. -¿Por que lo ibas a hacer?- dijo sin dejar de recorrer de manera incesante sus turgentes pechos con las yemas de sus dedos. -Te he mentido... no soy lesbiana. La joven sonrió, y con un dulce beso acalló sus labios antes de que de ellos salieran mas palabras...- nunca dijiste que lo fueras, pero esa es la ventaja de ser mujer, no tienes que ser lesbiana para estar con otra mujer... y no me has mentido, si tus besos fueron sinceros y si cuando notaba que te derretías cuando te estrechaba entre mis brazos, lo hacías tan solo porque eran mis brazos los que te estrechaban... Aquella noche durmió entre sus brazos convencida de aquellos eran los brazos entre los que deseaba estar y sin poder evitarlo, pensó en todas y cada unas de las personas que ella había amado y no se arrepentía, ni siquiera de todos aquellos que le habían hecho daño, pues ahora más que nunca, estaba convencida de que el amor no se daba a quien uno elegía. Y no siempre es amor lo que sientes por otra persona, pero no deja de ser puro y sincero, si cuando estas con esa persona lo das todo sin importar nada... Y que más da el mundo entero cuando sientes tu alma estallar cuando esa persona te toca... No, definitivamente los sentimientos no entienden de colores, porque los buenos besos, besos de los de sentimiento del bueno, se dan con los ojos cerrados... ¿quien dice entonces que los sentimientos tienen genero? Tal vez no era amor, porque el amor es lo que es, y cada uno lo vive a su manera y lo sientes o no lo sientes, sin importar lo que otros digan, o si la gente piensa que es o no correcto.

miércoles, 12 de marzo de 2014

El secreto de las alas rotas..

Caminé lentamente hasta el final del camino sin mirar lo que me esperaba allí, no necesitaba levantar la mirada para saberme poseedora de una soledad tan abrumadora que el desolador silencio parecia un peso sobre mi pecho que me impedia respirar, oprimiendo mi corazón de tal manera, que cada timido latido era lo unico que de escuchaba de manera atronadora en aquel páramo... Apretar los puños con fuerza solo me habia hecho sentir una ligera punzada de dolor, no lo suficienteme fuerte para sacarme de aquel estado mezcla de estupor e incredulidad. Todo había terminado, todo habia finalizado al fin y en aquella pendenciera soledad encontraba más mi castigo que mi paz. Luces calleron del cielo iluminando la noche y convertiendolo en un resplandeciente dia... pero yo sabía la verdad. En plena luz cegadora, yo seguía presa de la más impenetrable obscuridad. Mis pasos me guiaron hasta el final del camino, en realidad sin saber por qué... tal vez no queria encontrar el final, igual solo queria seguir andando mientras pudiera, mistras mis fuerzas no me abandonaran, mientras aún pudiera sentir el dolor de mis puños cerrados... al menos dolor. Pero entonces topé con algo. Levanté la mirada y ahí estabas tú. Tu mano tomó la mia forzandome a abrir mis puños y viendome perdida en la vorágine de mi interior, tu sonrisa se disipó en tu rostro. Pero ahí seguiste tú, aferrando mi mano y sin palabras tu mirada gritó mi nombre con desesperación. Por un momento temí no poder calmar tanto dolor, por un breve instante me sentí mezquina y vil alegrandome de lo herido de tu corazón y de lo yermo del mio.. Me habria gustado haberte gritado que ya no me importaba nada, que ya no quedaba nada de mí en mi frio y maltrecho corazon. Ya no era capaz de sentir nada, ni el frio que marcaba mi cerulea piel con su aliento, ni el dolor de mis heridas... estaba decidida a sonreir triunfal, había logrado no sentir nada, había conseguido al fin no necesitar ni besos, ni caricias, ni amor... al fin habia llegado el fin y yo habia sobrevivido. Ese gran vacio que llevaba en mi interior me habia llevado al final de aquel camino y sin ningun reproche que hacer, habia logrado acallar las suplicas de mi agonizante corazon. Pero ahí seguías tú en mitad de la noche rota pidiendome que te mirara de verdad, con la misma intensidad con la que me mirabas tú, con insolencia y una pasion desmedida que me turbó... Tú que sentías sin pensar en nada más, tan despreocupadamente como el viento arrasta las flores embriagandolo todo con su aroma, me amabas y ese amor amenazaba con nublarme la razón y los sentidos, haciendome olvidar el fin del camino... temí ser presa del amor, temí arder por dentro y consumirme por completo con tan solo un beso. Solté tu mano en mitad de la noche oscura, esperando ocultarme de ti en la negrura de la noche, envuelta en su sepulcral silencio. Pero tu voz rompió las tinieblas de la noche con mi nombre y tu calido abrazo me envolvió devolviendo el candor a mi piel, haciendo de nuevo latir con fuerza mi corazón... Las luces volvieron a iluminar el cielo, ésta vez llenandolo todo de brillo y color. Había llegado el fin de aquel año tan horrible y ahí estabas tú... en un nuevo comienzo, en un nuevo año con un nuevo sentimiento, haciendome renacer de mis cenizas, enseñandome a amar, enseñandome en los albores de un nuevo comienzo, que el secreto de las alas rotas es seguir caminando...

martes, 30 de julio de 2013

Ecos de un recuerdo yermo...

Había decidido permanecer en silencio durante un segundo más... las preguntas comenzaron a acumulárseme pero la realidad es que ya no tenía respuestas. La única pregunta que parecía importar era ¿qué vas a hacer? Miré al infinito durante un instante, perdí mi mente entre imágenes de un pasado que sabía no iba a volver, divagando entre recuerdos de un ayer que hoy me pesaba más que nunca. -Eh¡¡¡¡¡¡¡- gritó y volví. De pronto, por primera vez desde que todo había comenzado miré el rostro de todos y cada uno de mi compañeros de viaje. No solía hacerlo, de hecho ninguno solían vivir lo suficiente en aquel tipo de viajes. Un destello de luz iluminó el cielo y entró por las rendijas que aun quedaban entre ellos y nosotros. Mi mente volvió a arrastrarme al pasado, recordé su larga y sedosa melena en la me solía enredar, había sido tan delicioso perderse entre sus dulces pechos, hundir el rostro y saborear el aroma de su piel. Era tanta, tanta la suavidad que ahora me dolía recordarla.... una lagrima cayó por mi mejilla que me apresuré a limpiar con rabia y furia, pero no estaba enfadada con aquel gesto tan humano, estaba enfadada con mi debilidad... Llorar había sido un gesto valiente teniendo en cuenta quien era y donde me encontraba, pero había sido débil... temí tanto cambiar, temí quedarme y ni si quiera le dije adiós.... de hecho le miré a los ojos esa última noche y le susurré palabras de amor y promesas que sabía que nunca llegaría a cumplir... y antes del alba abandoné su lecho dejando el frio recuerdo de mis mentiras en él. Ahora, hacía ya millones de años luz de aquello, aunque para mi hubiese sido solo ayer hacía millones de años de la última vez que nadie me amó y ahora me sentía muerta por dentro.... ahora no comprendía como sabiendo que hubo un tiempo y un lugar donde había vivido la única persona en el mundo a la que había querido... me fui de allí... abandonando mis ganas de vivir con ella, junto con aquellas mentiras crueles que ahora me hacían sentir tan sucia. Apenas si había salido de mi sistema solar cuando ella ya había envejecido, ahora solo era polvo... mi amor, mi amante, la única persona por la que habría deseado quedarme... pero no lo hice y ahora no podía vivir con aquello. Una explosión movió la tierra bajo mis pies... volví a mirar el rostro de todas aquellas personas... ellas también habían abandonado la tierra como yo, pero cuando lo pensaba me sentía como un cascaron vacio. Era como si mi alma se hubiese quedado sentada en aquella cama de sabanas blancas y luces tenues, sentada con las piernas abrazadas con fuerza, tratando de ser pequeña, de no estorbar en su cama mientras simplemente la observaba dormir... me había prometido verla dormir el resto de mis días... no conocía una delicia mayor... Y recordar sus carnosos labios por el que escapaba su aliento, ese aliento que habría bebido como único sustento de mi vida.. ojalá hubiera podido parar el tiempo, detenerlo tan solo para poder verla por siempre desnuda entre las sombras... y así dibujar su perfil en mi mente una y mil veces hasta saberme dueña de ella... pero ella ya era mía. Cerré los ojos durante un instante y volví a poseer aquel instante, volví a sentir conmigo a mi amor y otra lagrima cayó por mi mejilla recorriendo mi rostro sin prisa, haciéndome sentir... algo que había olvidado que podía hacer desde que me había alejado de su lado. Entonces abrió los ojos y de sus labios salieron unas palabras que no comprendí... -¿Que vas a hacer?- grito por encima del ruido.. -¿Qué?- dije tratando de tocar su rostro -Comandante Nicole... ¿qué es lo que vas a hacer?- gritó de nuevo aquella infame voz Abrí los ojos y volví a mi realidad... volvía a estar lejos de ella y supe que estaba tan muerta como mi amada. Por primera vez miré aquel mundo infestado de aquellos seres repulsivos y supe que de permanecer todos moriríamos, sabía que aquel era mi trabajo, evaluar posibilidades y allí la posibilidades de subsistencia eran cero... -Marcharnos.... -Estás bien... Atentos chicos, la comandante ha decidido abortar la misión, todos a la nave¡¡¡¡ adelante mancha de mamones¡¡¡ -Pero teniente, no podemos llegar a la nave desde aquí, tendríamos que hacer un salto transdimensional y están rotas todas las comunicaciones... la única opción es hacerlo manualmente... y ya conoce el procedimiento... -Lo conozco...- dije sin pensarlo Pero en vedad siempre lo había pensado... desde el momento que había pisado aquel planeta sabía que moriría en aquel planeta... Nunca fui una heroína... nunca quise serlo, pero por primera vez supe que ellos querían vivir más que yo. -Yo debería...- comenzó a decir mi teniente -Yo soy quien debo hacerlo... y por primera vez me miró a los ojos y no vio todo aquello que me había encumbrado en mi carrera. Muchos habían dudado de mi capacidad y uno a uno habían ido acallando sus voces... haciendo con su silencio una leyenda de mi nombre. Ya nadie pensaba en que yo había nacido hacia tanto, que era una de las ultimas humanas nacida de una mujer... nadie pensaba en mi en esos términos... solo veían el mito... Nicole Shepard... la ultima humana... la exterminadora de mundos... sin piedad... sin remordimientos... sin miedo... sin nada que perder... Ni si quiera sentí quedarme sola en aquel lugar, morir sola siempre había sido mi destino. Todos se cuadraron ante mí aunque yo sabía que no era digna de ello... yo no moría por ellos... moría porque en realidad ya estaba muerta. Los golpes y los estallidos tronaban fuera con fuerza... sabía que no tardarían en llegar a mi... Había ordenes de acabar con la vida de aquel planeta y mi única esperanza es de que los míos llegaran antes que aquellos monstruos, aún así saqué mi arma y la sostuve en mi mano. En realidad hacía tanto que la llevaba conmigo que me había hecho a su tacto y a su peso, a su frio... lo cierto es que aquel arma era mi única amiga. Me apoyé sobre la pared y resbalé por ella hasta quedar sentada en el suelo... cerré los ojos y volví con ella... volví a aquella imagen.... ya no recordaba el rostro de mi madre, ni si quiera del primer escuadrón con el que luché hacia ahora mil vidas... pero tenía grabado a fuego todos y cada uno de los rasgos de tu conspicuo rostro... abrió los ojos como cada amanecer, con una sonrisa y una expresión tan placida y feliz que me hizo sonreír. Me tomó entre sus brazos y temblé... nunca había temblado de emoción... nunca había sentido tanto miedo ni me había sentido tan intocable... me sentí eterna junto a ella... entonces sus labios se acercaron a los míos y pronuncié su nombre... -Eleonor... Y el silencio llegó en forma de luz cegadora, pero yo solo te vi a ti...

jueves, 29 de noviembre de 2012

"Este Jueves, un relato" A la luz de una vela... Hallarás tu Destino.

De todas las debilidades que habían esclavizado a los hombres, llevándolos a su propia aniquilación, el amor era la peor… El teniente Nieve miró al horizonte… una nada absoluta se presentaba ante él de una forma tan desoladora y a la vez condenatoria que no pudo evitar emitir un largo suspiro. Presentarse voluntario para aquella misión tal vez no había sido la mejor de las ideas, pero no hacía más que seguir con el plan trazado… Desde que se alistara en la Legión Francesa hacia ya seis meses no había hecho otra cosa salvo intentar morir una y otra vez, sin ningún éxito. Todos allí, el que más o el que menos, huía de algo. Tenía como compañeros a un español loco al que llaman Bestia tan grande como un rinoceronte y aun más potente… Hacía un año que se había alistado huyendo de la cárcel. En el fondo no era mal tío, pero una noche que estaba enfadado con el mundo tuvo una pelea con un pobre diablo que eligió el peor día para tocarle las narices. Lo mandó al hospital, con tan mala suerte de que no llegó a despertar nunca. Su madre le instó a alistarse junto con un amigo suyo y allí estaban los dos. Su amigo, nuestro otro compañero simplemente buscaba la excusa para huir de una realidad tediosa donde sentía que cada segundo que pasaba era un paso más hasta una extinción tan triste y sin sentido como la vida que estaba llevando. -¿Yo?- respondió a la pregunta que todos hacían en aquel lugar de forma casi obligada- Mis razones son aun más tristes y patéticas. Había amado y había perdido a mi amor por la más estúpida de las razones… el orgullo. Mis celos me hicieron ver cosas que no eran ciertas y guiado por la gente di por hecho que todo aquellas barbaridades que me susurraban de la mujer que amaba, no solo la abandoné sino que decidí marchar muy lejos presa del despecho. Sin embargo no llegué muy lejos, pues cuando mi corazón notó que le faltaba comenzó a agonizar. En ese estado, no tardé mucho en entrar en razón y corrí de nuevo a su lado a explicarle lo estúpido que había sido. Pero ella ya se había entregado a otro tratando de olvidar mi desprecio. En cuanto fui a su encuentro, sin mediar palabra la besé y la poseí como nunca lo había hecho… tan solo para demostrar que podía. Al terminar me vestí, castigué con una mirada llena de desprecio y la insulté… Estaba decido a marcharme sin mirar, pero ahogué mis penas en una botella de bourbon y frente al único que me quedaba abrí mi corazón para reconocer que lo tenía teñido por la culpa… Nuevamente había actuado como un estúpido y solo mi mejor amigo, me hizo comprender que si tanto la amaba debía estar por encima de todo eso, olvidar al mundo entero y concentrarme en amar a esa mujer. -Solo un hombre de verdad no teme amar a una mujer… ese es tu destino- dijo Sin embargo cuando corrí nuevamente a su lado ella yacía inerte sobre el lecho que nos había visto temblar de emoción horas antes… en aquella habitación ya solo me quedaba un frío cuerpo al que abrazar. Maté a mi amor y fui tan cobarde que no tuve el valor de matarme allí mismo… por ella… por haber robado su ilusión por vivir… por haber ayudado a la muerte a besar sus carnosos labios que quedaron fríos... ni mis besos devolvieron el candor a sus mejillas, ni mis lagrimas la hicieron despertar de aquel sueño eterno… Durante meses anduve borracho buscando pelea con cualquiera y suplicando que acabaran con mi patética existencia… Pero la gente huía de los tipos como yo. Una mañana desperté con una terrible resaca y con un papel que decía que me había alistado a la legión francesa.. Desde entonces cualquier misión suicida parecía llevar su nombre… Pero tenía la maldita costumbre de sobrevivir y salir airoso de las misiones. Su teniente le solía decir que ni la mismísima muerte quería besar sus labios y comenzó a pensar que era verdad. Incluso cuando en una de las últimas refriegas, todo parecía perdido, conseguí ó la vuelta y lograr escapar sin un solo rasguño. Por desgracia, su teniente no corrió la misma suerte y sus últimas palabras fueron para maldecirle una vez más… Que le dieran su puesto solo hizo acrecentar su leyenda aun más. Aquella había sido una de esas misiones… y sin embargo, ahora parecía el final. Andaba sin rumbo fijo, tratando siempre de dejar el sol a su espalda, viendo su propia sombra en todo momento, más alargada con el paso de las horas. Aun tenía la esperanza de encontrar una salvación que dada las circunstancias parecía del todo imposible. Su camello murió a causas de las heridas de bala que recibió mientras huían, así que llevaba dos días andando sin más compañía que la de los buitres y su fantasmagórica sombra. Un reflejo lejano al tercer día, le hizo comprender que estaba comenzando a perder la cabeza… sin embargo no pudo evitar caminar hacia él. Un par de horas más tarde una tela comenzó a hondear con el viento… anduvo hasta ella convencido de que era el cadáver de algún bandido, pero con la esperanza de que aun tuviera algo que él pudiera aprovechar. Llegó a la tela y vio que lo que brillaba era un cinto de piel cubierto de unos círculos dorados finamente tallados. Giró el cuerpo para desatarlo y entonces la vio… tenía una piel sumamente clara y con unos rasgos demasiados finos para ser los de un muchacho… abrió los ropajes y bajo éstos notó dos turgentes pechos, apoyó la cabeza en su pecho y notó un tenue y extenuado aliento… cuando se apartó de su cuerpo miró de nuevo su rostro y vio brillar de forma exultante en su pétreo rostro unos increíbles ojos color esmeralda… sin más cerró los ojos y volvió a desvanecerse. Estaba viva… Sin dudarlo un instante utilizó su capa y su cuerpo para hacer una tienda de campaña sobre ella y evitar así de que el sol continuara recalentando su cuerpo tiranamente… estaba algo destemplada y lo que era peor, tenía la respiración leve y el pulso muy lento. No entendía que hacia una chica en un lugar como aquel… ni si quiera parecía una de esas chicas nómadas del desierto. Algunas podían ser muy bonitas pero desde luego no tenían aquella tonalidad de piel ni unos ojos tan claros. Había intuido su cuerpo en sus manos y ahora le ardían de recordar el tacto de sus voluptuosos pechos. Tuvo la tentación de volver a tocarlos, tal vez incluso de apartar aquellos ropajes para notar cuan suave era su piel. La idea le hizo sentirse culpable pero es que Incluso el aroma de su sudor, que se concentraba en aquella tienda improvisada le parecía llena de sensualidad, era un olor mezcla entre salado y el dulce regazo de una madre tras amamantar. De pronto recordó a la mujer que una vez amó… llevaba sin tocar a una mujer desde que la sostuvo muerta entre sus brazos y ahora parecía que ella también moriría en ellos. Su mente quedó llena del recuerdo de su amada y sin más desechó toda debilidad animal. Por puro instinto la sostuvo contra su pecho y durante horas la sostuvo con ternura mientras su mente se llenaba de todos esos momentos sublimes que había vivido junto aquella mujer, que se había convertido en el único y recurrente objeto de sus sueños. El tiempo parecía pasar lentamente mientras continuaba sintiendo el latir de su corazón y seguía aspirando el suave aroma de su piel, hasta que llegó el atardecer y decidió salir de la improvisada tienda para estirar las piernas. De pronto, ella despertó. El teniente Alejandro Nieve, sacó el único recuerdo que guardaba de aquella mujer. Tomó el pañuelo bordado con sus iníciales, empapó una esquina en agua y le instó a chuparlo. Sus labios agrietados sorbieron y lamieron de su mano las gotas con avidez. Durante un instante notó sus suaves y delicadas manos aferrar las suyas y su penetrante mirada escrutando su rostro en busca de respuestas… Alejando comenzó a hablar, pero su rostro permanecía impasible ante sus palabras. Comenzó a hacerle preguntas y ella continuaba mirándole sin dar muestras de entender nada. Él conocía algunas palabras en árabe y otras en francés, pero ninguna parecía hacerle reaccionar. Miró su belleza y pensó que podía ser alemana, así que chapurreó algo en alemán pero ella continuaba mirándolo sin pronunciar palabra. La noche cayó como un gélido manto y ella que aun tenía algo de fiebre, pareció encontrar algo de consuelo en el frio de la noche… Las estrellas preñaban el cielo y la luna los iluminaba tenuemente. El teniente Nieve no lograba dormir, se sentía incapaz de dejar de mirarla por si aquella chica que había aparecido ante él como un sueño era en verdad, un mero espejismo… Ella se había apartado el pañuelo de la cabeza y había dejado caer una larga y tupida melena castaña sobre su regazo. Él le acariciaba el cabello y supo por su rostro lleno de paz que había sido una niña querida y que seguramente habría dormido mil veces con la mano de un ser querido acariciando sus suaves cabellos. De pronto el viento comenzó a levantarse. ËL la despertó y le dijo que debían buscar refugio en el montículo de piedra que había dejado atrás cuando había ido en su busca. A ciegas anduvieron por la tormenta hasta que llegaron a las piedras. Buscaron un refugio y encontraron una brecha estrecha en una de las rocas que apenas les llevaba a sus entrañas, incluso tuvieron que dejar fuera sus turbantes y mantos para poder entrar los dos. El ruido era ensordecedor, el viento azotaba el mundo de forma feroz allá fuera. Con aquel infierno desatado fuera, tomaron la decisión de tapiar la entrada lo mejor posible utilizando los pañuelos de la cabeza, conscientes de que la arena los podía sepultar y que nadie jamás les encontraría en aquel desierto, que parecía llamado a ser su tumba. Todo estaba oscuro y él comenzó a inquietarse. Desde que había visto el rostro inerte de su amada era incapaz de permanecer en la completa obscuridad sin temer que ella estuviera a escasos centímetros de él acechándole de alguna manera. No temía el dolor, ni si quiera temía a la muerte… temía que ella nunca hubiese encontrado la paz por su culpa, temía descubrir que por su culpa ella había condenado su alma… él creía en el alma y no le importaba condenarse mil veces al infierno, con tal de salvar la suya… De pronto una luz se encendió entre tanta negrura… una llama pequeña que prendió una mecha y la joven de los ojos verdes acercó la vela a su rostro y sonrió. Él sintió aquella como una señal… cuando más perdido estaba, cuanto más dolor parecía azotar su atormentado espíritu, cuanto más tristeza había encontrado en su corazón… ella había encendido una luz en la obscuridad de su alma y con una simple sonrisa lo había colmado. Alejandro tomó su rostro entre sus manos recias y ásperas, deseó pedir mil disculpas por no ser digno de tocar su hermosa piel… deseó hacerle entender que no era digno ni si quiera de desear aquellos labios… no sabía amar como un hombre… solo sabía luchar, matar y destruir… Dudó, solo fue un instante, pero su titubeo le hizo bajar la mirada… Ella entonces besó sus manos, lo miró fijamente a los ojos y sin más lo besó. Eran besos llenos de ternura e inocencia, sentía sus labios devorar los suyos como una niña pequeña dispondría de una fresa madura y aquello le hizo temblar. No se sentía capaz de destrozar otra bella flor… Entonces la abrazó, lo hizo con una dulzura inconmensurable. Alejandro no necesitaba nada más… no hacía falta palabras ni más gestos que aquel. Sentía que al fin podría morir tranquilo, si aquel era su final, sin duda era más de lo que se merecía. Sin embargo sentía una gran pena al pensar que a ella tampoco podría salvarla… desde luego, solo él merecía un final. La tormenta duró toda la noche y la vela que iluminaba su diminuto cubículo se iba consumiendo con la misma lentitud con la que transcurría el tiempo, de pronto sintieron como un sueño pegajoso y dulce como la miel se iba apoderando de ellos.. -La vela está consumiendo el oxigeno… - dijo en un susurro sin pensar que ella ya no le oia pero que tampoco podía entenderle. Sin más un largo y profundo suspiro apagó la luz…- ya no temo a la obscuridad… no estando a tu lado- susurró antes de desvanecerse. Una tenue luz parecía danzar como la llama de una vela ante sus ojos y sin embargo era todo tan borroso que Alejandro fue incapaz de distinguir de que se trataba… fijó la vista y observó unos labios pronunciar su nombre sin voz. Miró su rostro y reconoció la pétrea mirada de amada muerta… Entonces notó su mano en su rostro y la notó tan cálida que salió de su ensueño. Abrió los ojos y vio sus ojos mirarlo con dulzura. -ojos color esmeralda… -susurró. -Al fin¡¡¡¡- oyó una voz hablarle en un español algo matizado por el acento francés. El teniente Nieve se descubrió bajo el cielo azul de un nuevo día y ante él a un hombre de unos 60 años que con voz afable le daba la bienvenida al mundo de los vivos. Ella se abrazó a él con una sonrisa tan pletórica que pensó que seguía soñando… Se incorporó y vio una avioneta frente a ellos. Alejandro no entendía nada, no sabía que ocurría allí y por qué no habían muerto. Una vez en el avión, en el camino de vuelta, aquel hombre le explicó que era el padre de la joven, también le explicó que ella viajaba en una avioneta que se había estrellado un día antes, por lo visto había salido tan desorientada del avión que había andado sin rumbo, alejándose de los restos e impidiendo a los servicios de rescate que pudieran encontrarla. Que él decidiera volver a aquel lugar había sido realmente como un milagro, pues era donde se había estrellado el avión y donde como medida desesperada habían vuelto… -Si no hubieseis tapado la entrada con vuestras ropas jamás los habríamos visto ondear llamando nuestra atención… gracias a Al-lāh. Ella le sonreía sin decir nada, pero de pronto se volvió a su padre y comenzó a mover las manos, entonces supo que ella hablaba el lenguaje de signos… -No sabía que fuera… creía que era de otro país y no me entendía nada. -Tranquilo, estaba conmocionada… su madre es Sueca, de todos modos no le habría entendido, solo habla árabe y sueco en lenguaje de signos… Ella llamó su atención y le habló de nuevo. Luego señaló a Alejandro y sonrió a la vez que movía la cabeza en modo afirmativo. -¿Qué dice? -Al Hessa lek hessa -¿Qué significa? -El Destino tu destino… -¿Y qué quiere decir eso? -Ella se llama Hessa, quiere decir que ella es el destino fijado para ti… que sabe que es tu destino. Alejandro quedó en silencio… Volvió a perderse en sus ojos y dijo en un susurro apenas audible para el mundo… - Solo un hombre de verdad no teme amar a una mujer… ese es tu destino. Y sonrió feliz… era libre.